Informe de Estabilidad Financiera - Mayo 2026

Resumen ejecutivo

Desde el último IEF, la intensificación del conflicto en Medio Oriente elevó significativamente la incertidumbre geopolítica y los riesgos globales, configurando un entorno externo más complejo y desafiante. El incremento de los precios internacionales de la energía ha comenzado a trasladarse a la inflación y a las expectativas inflacionarias, llevando a los principales bancos centrales a adoptar una postura de política monetaria más cautelosa. En este contexto, las condiciones financieras internacionales se deterioraron respecto al IEF anterior, reflejándose en mayores tasas de interés externas, fortalecimiento del dólar y depreciación de las monedas de la región al inicio del conflicto, aunque en las últimas semanas se observó cierta reversión parcial de estas dinámicas en el comportamiento de algunas monedas.

En el ámbito doméstico, la actividad económica y la demanda interna continuaron mostrando un buen dinamismo. El PIB creció 6,6% en 2025, impulsado por servicios, agricultura, electricidad y agua, manufacturas y construcción. Por el lado del gasto, la expansión se explicó por el consumo privado y la formación bruta de capital fijo. Los indicadores de corto plazo sugieren que este desempeño favorable se mantendría en el primer trimestre de 2026. La inflación interanual continuó desacelerándose, situándose en 2,3% en abril de 2026, con expectativas de mediano plazo ancladas a la meta. 

Acorde con el buen desempeño de la actividad, la cartera de créditos mantuvo una evolución positiva en ambas monedas. El crédito total registró un crecimiento interanual de 17,1% en marzo, en línea con el informe anterior. Al desagregar por tipo de usuario, el crédito a los hogares mostró una mayor expansión, impulsado principalmente por el componente de consumo, en tanto que el crédito a las empresas creció sustentado por los créditos destinados a los sectores de servicios, agricultura, comercio al por mayor e industria. Los depósitos totales crecieron 18,5% interanual en marzo, superando el registro del informe anterior (12,6%), con un mejor desempeño tanto en moneda local como en moneda extranjera.

Los indicadores de solidez del sistema financiero se mantienen en niveles adecuados. La tasa de morosidad total se situó en 2,5% a marzo, con previsiones que cubren íntegramente el riesgo de crédito. Por tipo de usuario, la morosidad de los hogares se mantuvo relativamente estable respecto al informe previo, en tanto que el segmento empresarial evidenció una mejora en la calidad de su cartera. Las favorables perspectivas de crecimiento para 2026 sustentan expectativas de un adecuado comportamiento del repago del crédito. Los indicadores de rentabilidad se mantuvieron estables respecto al informe anterior, en tanto que los indicadores de solvencia se ubicaron holgadamente por encima de los mínimos regulatorios, con un capital de nivel 1 de 12,5% —frente al mínimo de 8%— y un capital regulatorio total de 17,8% —frente al mínimo de 12%. Las pruebas de tensión aplicadas a las entidades del sistema financiero indican que, a nivel agregado, el sistema mantiene una posición de solvencia adecuada ante la materialización de shocks adversos y extremos, aunque de baja probabilidad de ocurrencia.

El Sistema de Pagos del Paraguay cambia de identidad y el SPI se consolida. En abril de 2026, el BCP presentó la nueva identidad del SIPAP, que pasa a denominarse SIP, con el objetivo de reforzar la identificación institucional del sistema de pagos, el cual continúa registrando una expansión sostenida, impulsada principalmente por el SPI. El aumento de las transferencias electrónicas refleja una mayor adopción de medios de pago digitales, con predominio de operaciones de bajo valor y en moneda nacional. Asimismo, los bancos y compañías financieras mantienen una participación predominante en el procesamiento de operaciones, mientras que el SPI se consolida como canal principal utilizado para transferencias entre clientes de entidades financieras.